Una de castings…

Demasiado alta, demasiado baja, demasiado gordita, demasiado delgada. Tienes el pelo demasiado corto, uy vaya pelo más largo que tienes. Largo. Demasiado largo. Lo que una puede llegar a escuchar cuando se presenta a un casting en lugar de un sincero y honesto “no es lo que yo tenía en la cabeza” puede llegar a ser bastante surrealista. Y es que yo, pequeñas criaturas, antes de ponerme a criar y mantener a tooooooda mi familia (y lo digo con acritud) era actriz. Luego fui gestora cultural y ahora teleoperadora part time. Así está el patio. Mi vida se compone de una interminable sucesión de decisiones nefastas, de eso no hay duda. Eso y el sistema este neoliberal que tampoco ayuda mucho.

Me había prometido a mí misma no volver a presentarme jamás de los jamases a ningún otro casting por aquello de hacer un largo break en aquella mala costumbre de recibir negativas -eso no es bueno- me dijo mi psicoterapeuta pero para mi desgracia estando el otro día en el parque recibo una llamada: “mira, que un amigo tuyo (un actor ahora muy conocido) nos ha dado tu numero y es que encajas perfectamente con el perfil que buscamos. No puede ser más tú, eres tú sí o sí”. O eso es lo que yo escuché. Volví a mi casa arrastrando bicis, carritos y niños llenos de mocos listos para el baño preparando en mi cabeza el discurso al Goya a Mejor Actriz Revelación. Era un discurso brillante todo hay que decirlo. Y en mi día libre allí que me planto. A otro casting. Me siento y espero una hora. Tic tac.

casting gatos

Otra de las cosas que realmente odio de las audiciones es el petardeo. Yo cada vez soy más tímida, o más joía vaya, y hablar por hablar me pone francamente nerviosa. Pues eso es justo la antesala de un casting: una sala llena de gente que intenta disimular que está nerviosa hablando por hablar, pareciendo cordial y sobre todo increíblemente enrollada. Yo prefiero sentarme y seguir preparando mi discurso para asegurarme que no se me olvida agradecer mi Goya a nadie. Entra uno, entra otra, entran cuatro. Y yo pensando que aquella era mi única mañana libre después de muchos días. Entran mil. Después de una hora de espera sale la chica en cuestión, dice mi nombre en alto y cuando me planto delante de ella dispuesta a entrar a mi gran momento, a darlo todo, a echar los restos, las jigaillas va y exclama: “Uy, pero tú eres demasiado guapa y demasiado joven”. Pausa dramática. En el amazonas mueren varias especies. Casi-me-la-CO-MO. A ver, demasiado guapa vale chavalita, pero si algo soy es una hora más vieja después de estar aquí esperando, hija de la gran chingada, así que hazme la jodida prueba que ya tengo los niños encajados para asistir al estreno del film. Pues nada, la buena moza me vuelve a repetir: “Que va, no te puedo hacer la prueba. Eres demasiado guapa y demasiado joven”. Y se fue. Salí maldiciendo a la chica, los Goya y a mi psicoterapeuta. Como no sabía bien si debía alegrarme o enfadarme, opté por ambas cosas a la vez. Probarlo, es muy extraño.

Como se que disfrutáis con el dolor ajeno os contaré que en otra ocasión, aún soltera y sin niños, recibí otra de esas misteriosas llamadas que literalmente me decía: “Hola, mira, me han dado tu teléfono por que estamos haciendo un casting de tías buenas y me han dicho que tú lo eres“. Os lo juro. Por teléfono. No estoy de coña. Y yo: “pero…pero…¿quien te ha dicho eso exactamente? no…no se..no entiendo…”. La directora de casting: “No lo se pero me han dado tu teléfono, ¿eres una tía buena o no?”. Yo os pregunto: ¿que decir en esa situación?. Jamás, jamás, diga una lo que diga podrá salir airosa.

Resumiendo, la tipa me convence, me presento y cuando llego me miran totalmente asombrados. Que para que voy -me dicen- pues mira me presento al casting de tías buenas para la peli de Alex de la Iglesia (que no era una porno vaya). Miradas de estupor. ¿De tía buena? empiezo a cabrearme otra vez. Vamos a ver, sí, de tía buena vocifero. La asistente me dice que eso es imposible que no doy el perfil. Como me cabreo aún más abre la cortina que separa una de las salas. Está llena de chicas grotescamente arregladas. Altas, tacones exagerados, pintarrajeadas, tetazas, labios ensiliconados, depilaciones extremas. Dios. No. No soy una tía buena. Entonces, y más por cabreo conmigo misma que otra cosa, comienzo a gritar que quiero que me pongan con los feos. Las chavalas abren aún más la boca. No. Nooooo. Ni de coña dicen. Y yo gitando: “¡¡¡¡Que me pongan con los feos!!!!”. Y me abren la cortina. Detrás, personas peculiares, extrañas, deformes. Una parodia de la fealdad. Cierro la cortina ¿y ahora qué? les digo. Ellas no saben que hacer. Yo no sé que hacer. Bueno, vamos a ver que podemos hacer contigo. Se van. Y allí me quedo yo. Sola. Entre dos cortinas. Demasiado fea para ser guapa, demasiado guapa para ser fea.

 

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4 comentarios en “Una de castings…”

  1. Magnfica carta M I. Cambiando de tema, tengo muchas fotos de “tu pintada”. Tienes que venir a verlas. De todas formas puedes ver algunas en la pgina de Arte Rojo Espacio Creativo y tambin en su beisf que est disponible para todo el mundo. Un besazo guapsima ( nuevo estado que no es ni de guapas ni de feas sino mucho ms). Juancho

  2. Saturnino García, cuando ya sólo actuaba ante sus nietos y algún que otro revisor del gas, recibe el Goya al mejor actor revelación a los 60 por “Justino, un asesino de la tercera edad”… ¡No desesperes!

    Un besazo y, como siempre, genial.

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