Bye, bye 2013…

Comencé el año 2013 cantando con la Banda del Café Canalla, pegándome una farra de impresión y yendo a ver “El Hobbit” de empalme para quedarnos dormidos. Trabajé organizando conciertos que cada vez menos gente veía. Mi sobrina cumplía 5 años y mi hijo 6. El mes del amor. Fue el año que le prometí a mi hermana un libro por su cumple que aún no le he regalado. El año que actué delante de muchos niños y niñas con el espectáculo de rock y me divertí, el año que conseguí tres camisas para que Fat Boy Slim se las pusiera en su show, el año en que mi hijo Mario se hizo una foto con Alaska. Negocié una y otra vez mi mísero sueldo. Hice un curso de guion, fantaseé con la idea de ser escritora. Rellené un Moleskine con gráficos y garabatos. Hice nuevos amigos. Trabajé en un lugar que no me pagaron. Negocié mi sueldo. Fue el año que volví a Madrid después de muuuuucho tiempo, paseé por sus calles, ¡visité el Bernabeú!, conocí nuevos lugares. Imaginé que me quedaba a vivir en Madrid, que era próspero y conseguía trabajo. Que mis hijos estudiaban en un colegio progre con los hijos de Iciar Bollaín. Volví de Madrid. Fue el año que negocié una y otra vez sueldos que nunca llegaron, de conciertos que se suspendieron, de conciertos que se llenaron, de sueldos que nunca llegaron. El año que me harté de la cultura y sus gentes. Que me cansé de la música. Me cansé de esperar. El año que mi marido no ganó un duro, el año que la furgo se rompió. Mis amigos me mandaban wasap: “¡Vamos a quedar!”. El año que me llegó la multa del Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía por una subvención para la que cinco años después resulta que no era apta. El año que me quedé sin vacaciones. El verano de 2013 fue uno de los más duros que recuerdo, con mis hijos en la playa y yo haciendo una interminable y abusiva formación para ser teleoperadora. 2013: el año que añadí un oficio más a mi interminable lista, el año que no vi el mar. Más amigos nuevos, nuevos compañeros. Mis amigos seguían mandando wasap: “A ver si nos vemos…” decían. Fue el año en que mi hijo entró en primaria. Nuevos compañeros. Vuelta a mis clases de danza ¡menos mal! Entrada de lleno en la talla L. Regalo ropa y piso por primera vez un Primark. Mi hija cumplía 2 años por fin, se ponía la mar de graciosa. Otro Halloween, otro día de todos los santos. Fue el año de mi 40 cumpleaños para estupor de mis jóvenes compañeras de auriculares. Limpieza de cutis y cremas antiarrugas. Un wasap de mis amigas: “Tenemos que vernos por tu cumple. Esta vez sí que sí”. Nunca nos vimos. Algunas se me van lejos. Me apeno. De algunas aún no se nada. Me apeno más aún. Con otras bailo, voy a conciertos, me lo paso bien. 2013 se ha ido. Un año, otro año más.

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